PARABÓLICA POÉTICA

10 05 2010

POÉTICA

¿Cómo confesarles esta afición mía? ¿Este juego que practico con emoción y entrega? No sé si pensarán mal de mí… llámenme lo que quieran… pero permítanme que me sincere ante vosotros.
A ciertas horas, cuando el sol ya ha caído y se encienden las lámparas ajenas, soy dado a apagar la mía, y desde el ventanal de mi habitación, apoyados los brazos en la balaustrada, sintiendo el misterio de la noche en las pupilas, suelo observar las ventanas de los pisos vecinos… llámenme mirón o lo que se les antoje… pero mi intención, como van entender, no se adentra en los berenjenales del onanismo físico… es algo más espiritual, más sombrío.
Aquellas ventanas que yo miro con vértigo e intriga, casi siempre, están veladas con alguna cortina leve, casi siempre entre mi mirada y el interior del salón lejano se interpone una transparencia, si no ocurre esto, si no encuentro obstáculo, entrego los ojos a otra ventana. Porque yo no espío la lentitud de esos cuerpos, yo no quiero ver sus actividades cotidianas, ver vecinos sentados en su sillón mullido, la verdad, no me interesa. Yo amo las sombras que refulgen en sus cortinas. El misterio de las formas que las lámparas reflejan en los estores. O cómo la luz del televisor, con sus cinéticos espasmos de tonalidades proyecta todo: el interior sumergido: la vida interna de aquel abismo, en un baile casi etéreo de sombras deformadas.
Siempre es una sorpresa, por eso disfruto como un niño. Pero cuando a estos seres lejanos les vence el sueño mi particular alba se esfuma. El éxtasis no puede ser eterno. Apagan las luces y sus sombras regresan al interior de las tinieblas.
No sé qué opinarán ustedes de este juego… lícito o no… el otro día me dijo un poeta amigo que algo parecido debía ser la poesía…

Diego M.P.

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